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No tenemos la casa todavía

Es fácil reconocer el alma de una mujer en su manera de marcar un libro (atenta, minuciosa, personal, provocadora), porque si uno ama a una persona, hasta las discretas señales que deja en un libro se parecen a ella.

—Ricardo Piglia, El camino de Ida.

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Miro un árbol.
Tú miras lejos cualquier cosa.
pero yo sé que si no mirara este árbol
tú lo mirarías por mí
y tú sabes que si no miraras lo que miras
yo lo miraría por ti.


Ya no nos basta
mirar cada uno con el otro.
Hemos logrado
que si uno de los dos falta,
el otro mire
lo que uno tendría que mirar.


Sólo necesitamos ahora
fundar una mirada que mire por los dos
lo que ambos deberíamos mirar
cuando no estemos ya en ninguna parte.

—Roberto Juarroz

Escucho el susurro de mis sueños
—insustancial inadjetivo—
y su verbo de piedra exhumada
en los bordes de un país
cuya lengua se emborrona.

Un susurro tan sólo.
Pues al cabo ¿qué podría
de verdad
estarse diciendo ahí?

—Francisco Segovia, Partidas, “133”.

Sylvia Plath. Crestomatía.

Sylvia Plath. Crestomatía.

Hace un par de años que no logro hacer poemas.
Lo extraño pero no lo lamento.
Todos sabemos que la poesía no es más (ni menos) que
una destreza pasajera.
Una destreza que, perdida, se hace tú y alumbra oscura.

—Julián Herbert, “Oscura” (fragmento), Álbum Iscariote.

XXII (18-11-2013)

 

este poema

es nuestra casa:

no cabe más cama

que la nuestra,

ni otra ventana que ésta

que nos mira,

ni otra silla

en el  comedor: dos tenedores,

dos platos, 

dos cuchillos,

dos panes tostados,

un solo amor/

lo siento, pero:

en este poema

sólo cabemos

tú y yo.

 

Es de noche, siempre es de noche al final de los textos. Releo, cambio frases, preciso nombres. Intento recordar mejor: más y mejor. Corto y pego, agrando la letra, cambio la tipografía, el interlineado. Pienso en cerrar este archivo y dejarlo para siempre en la carpeta Mis documentos. Pero voy a publicarlo, quiero hacerlo, aunque no esté terminado, aunque sea imposible terminarlo.

Mi padre era un computador, mi madre una máquina de escribir.

Yo era un cuaderno vacío y ahora soy un libro.

—Alejandro Zambra, Mis documentos.

No siempre éramos felices, no siempre la casa era bonita, pero estaba llena de crujidos que eran nuestros. Odiábamos y amábamos esas paredes porque eran una extensión de nosotros —de nuestra oscuridad y de nuestra decepción, de nuestras imaginaciones desbordadas—, y estaban exhaustas por el peso de nuestra euforia y la risa feroz de nuestros corazones.

—Leila Guerriero

I should be satisfied with being famous to three or four of my friends. And yet it’s an illusion. They like me for who I am, and I would rather be liked for who I appear to be, and for who I appear to be, to be who I am.

—Sheila Heti, How should a person be?

En aquel tiempo vivía varias vidas, me movía en secuencias autónomas: la serie de los amigos, del amor, del alcohol, de la política, de los perros, de los bares, de las caminatas nocturnas. Escribía guiones que no se filmaban, traducía múltiples novelas policiales que parecían ser siempre la misma, redactaba áridos libros de filosofía (¡o de psicoanálisis!) que firmaban otros. Estaba perdido, desconectado […].

—Ricardo Piglia, El camino de Ida.

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